Saciador, sangriento, penetrante, lento... son términos que todo sommelier debe
conocer. Hoy vamos a centrarnos en uno en concreto: Caudalía.
No, no me refiero al centro comercial de Mieres, en Asturias, sino a algo un poco más abstracto.
Cuando se cata un vino se detiene el tiempo. Todo a nuestro alrededor queda desatendido de nuestros sentidos.
No vemos a la gente, analizamos color.
No olemos colonias, olfateamos aromas.
No tocamos manos ni cubiertos, templamos copas.
No oímos conversaciones, nos deleitamos con el "tluc-tluc-tluc" que hace una botella al servir su primera copa.
No saboreamos besos ni platos, degustamos vino.

Y al igual que los buenos recuerdos, cuantos más segundos nos preste esa sensación de reminiscencia, mejor habrá sido la experiencia.
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